Estos últimos años el foco del marketing ha estado en el cliente. Dentro del marketing nuestra tarea es identificar cuál es nuestro público objetivo y saber establecer relaciones duraderas con nuestros clientes. No basta tener presencia en las redes sociales, pues el vínculo real es tan importante como nuestra imagen. El cliente ansía buenas experiencias, si las vive se queda, por eso nuestra palabra clave es “fidelizar”.

 

Y en eso de fidelizar tiene un papel protagónico la experiencia que le transmitimos al cliente. Aunque estrategias de marketing como utilizar rostros reconocidos que usan y recomiendan el producto, tener una buena imagen y un slogan atractivo no dejan de ser importantes, acá nos importa mucho más la experiencia. Pero antes tendríamos que preguntarnos qué le ofrecemos a los otros cuando les hablamos sobre las cosas que compramos, comemos, vivimos, utilizamos, ¿una marca o una experiencia placentera?

 

Actualmente, todos nosotros preferimos experiencias gratas que nombres reconocidos. El cliente quiere ser feliz, quiere sentirse bien y por eso su apuesta está en quien le permita acceder a la mejor experiencia. Entonces para “fidelizar” hace falta generar la mejor experiencia en el cliente. Primero debemos hacer que la imagine, que se visualice dentro de ella y luego que vaya a obtenerla.

 

Ahora entre la fidelidad y la experiencia media una palabra de suma importancia: la confianza. ¿Quién se encarga de generar confianza? ¿La marca, el empresario, el vendedor? Actualmente apostamos más por el cliente mismo. Nada mejor que la referencia de un cliente que cuente su propia experiencia para contagiar a los otros. Así que generar experiencias gratas será la clave para fidelizar a unos y crear confianza en otros. En este caso, los relatos de nuestros clientes son portavoces de las experiencias que nuestro producto les permite vivir, al mismo tiempo que generan confianza en quienes aún no lo prueban.

 

Además de la fidelidad, la experiencia y la confianza que podamos generar en nuestros clientes, los valores que caracterizan nuestra marca es otro plus para llegar a lo que nuestros posibles clientes quieren. Si nuestro producto es una experiencia de vida es posible que también sea un estilo de vida. Por eso debemos evitar la publicidad intrusiva. Una vez identificado nuestro cliente, sus intereses y necesidades, es normal que queramos darnos a conocer. La intención es buena pero el bombardeo de anuncios e información en el mundo digital puede jugarnos en contra. Un estilo de vida es algo ligero, fluido, que cala en cada uno de nosotros, porque se parece a nosotros, porque lo identificamos con nuestras preferencias; jamás aceptamos la presencia de algo invasivo.  

 

Fidelizar, crear experiencias gratas, generar confianza y convertir al cliente en portavoz son estrategias clave para acercarnos a nuevos clientes. Quién es tu público objetivo, dentro de ese público cuáles son tus clientes, qué quieren y qué puedes ofrecerles son las preguntas fundamentales para estar más cerca de ellos.