Manifestar nuestras opiniones o insatisfacciones siempre puede ser una situación incómoda si no sabemos cómo hacerlo. Tanto en el ámbito familiar como en el laboral debemos ser respetuosos al momento de expresarnos, pero es importante que lo hagamos. Sentirnos marginados, coartados o subestimados en el ámbito laboral son emociones negativas que pueden devenir en problemas con los compañeros de trabajo e incluso generar rupturas graves dentro de la empresa.

 

Sin embargo, así como quedarnos callados no es la mejor opción, manifestarnos de manera violenta tampoco lo es. Al respecto, Andy Molynski nos habla sobre la diferencia entre ser asertivos y ser prepotentes. La asertividad puede hacernos sentir violentos y demasiado agresivos, en especial si somos vergonzosos y rechazamos el conflicto. También puede provocar la sensación torpeza y de estar fuera de lugar, sobre todo si estamos predispuesto a expresar nuestra frustración y descontento de forma indirecta y pasiva. Pero la verdad es que la asertividad consiste en reconocer nuestros propios derechos y defenderlos, sin violentar ni incomodar a los demás.

 

Para aprender a ser asertivos Molynski nos ofrece tres estrategias básicas, que podemos aplicar al momento de manifestar nuestra opinión con respecto a situaciones determinadas, donde normalmente nos sentimos incómodos por pensar que pueden ser problemáticas.

 

1.- Lo primero es construir declaraciones breves, sencillas y objetivas sobre el comportamiento de la otra persona (lo que le gustaría que cambiara), como por ejemplo “Cuando usted me interrumpe durante las reuniones…” y “Cuando usted se atribuye un mérito individual por un trabajo de los dos…” son dos ejemplos válidos. Nuestro objetivo aquí sería conseguir la atención de la otra persona y, al lograrla, reducir al mínimo una posible actitud defensiva. La declaración debe ser corta, directa, imparcial y lo suficientemente aséptica como para que no se pueda estar inmediatamente en acuerdo o desacuerdo e ignorarla.

 

2.- Lo segundo consiste en Describir el efecto negativo que ese comportamiento tiene sobre nosotros. Debemos explicar por qué la actitud de la otra persona nos supone un problema. Por ejemplo, si la primera parte de la fórmula es “Cuando usted me interrumpe continuamente durante las reuniones”, podría añadir: “No tengo la oportunidad de expresar mi opinión”. En el caso de “Cuando usted se atribuye un mérito individual por un trabajo de los dos”, añadiría: “No tengo la oportunidad de mostrar mi valía”. El objetivo aquí es construir una lógica de causa y efecto, vincular una apreciación objetiva sobre el comportamiento de nuestro compañero con el impacto que ha tenido en nosotros.

3.- Y por último, debemos terminar con una declaración sobre nuestros sentimientos. Indicar no sólo cómo su comportamiento ofensivo ha impactado negativamente en nuestras acciones, sino cómo ha herido también nuestros sentimientos. “Me siento marginado” y “Me siento subestimado” podrían ser dos ejemplos. Además de que es posible que la otra persona pueda sentirse sorprendida (e incluso incómoda) al oírlo, es difícil refutar los sentimientos de una persona. Incorporar un elemento de este tipo convierte un mensaje de asertividad en un todo mucho más poderoso.

 

En este sentido, podemos empezar a ser más asertivos y menos prepotentes, violentos o temerosos al momento de manifestar nuestras incomodidades e insatisfacciones. El ambiente laboral debe ser armónico y confortable para lo cual podrían ser de mucha utilidad estas estrategias.