¿Has sentido que trabajas con alguien que no te escucha? ¿Gente distraída, jefes demasiado ocupados, compañeros que siempre hablan? El desafío es enorme cuando la mala comunicación media entre cualquier tipo de relación y por supuesto también en las laborales. Los malos entendidos pueden ser infinitos y perjudiciales. Sin embargo, debemos tomar cartas en el asunto, ya que todo el trabajo puede venirse abajo al no saber cómo entenderse con los otros ¿No nos escuchan? ¡Hagámonos escuchar!

 

Lo primero es preocuparnos por comprender cómo reciben mejor la información cada uno de nuestros compañeros. Si de manera oral o escrita. Muchas personas son más visuales que auditivas, de modo que podemos aprovechar la capacidad de cada uno para llegar hasta ellos de manera adecuada y efectiva.

 

Christine Riordan, presidenta de la Universidad Adelphi (EE. UU.) y coach de liderazgo, asegura que toparnos con compañeros de trabajo que no escuchan es la ocasión ideal para preguntarnos qué tan buenos oyentes somos nosotros mismos, qué tan buenos narradores o conversadores. A veces hablamos demasiado, no filtramos la información, olvidamos cómo priorizarla y en medio de tanta verborrea extraviamos a nuestros escuchas. De modo que cada vez que estemos ante un “sordo”, preguntémonos sobre cómo escuchamos y también sobre nuestras herramientas para comunicarnos.

 

Ser escuchados implica escuchar a los demás. Estar atentos a lo que los otros nos dicen, tomar apuntes en las reuniones de trabajo, hacer preguntas a nuestros interlocutores, intervenir, mantener el diálogo, generar empatía son formas de avivar el feedback y la interacción con los otros. Cuando nuestro interlocutor no se siente escuchado, pierde las ganas de conversar, pero también de escuchar. La atención es lo mínimo que todo interlocutor espera.

 

Algunas técnicas verbales para atraer la atención de los otros en generar curiosidad, a través de preguntas retóricas. Una conversación de interés puede empezar por generar interés en el otro. Otra manera de atraer la atención del interlocutor es haciéndole saber que necesitamos de su ayuda o sus conocimientos. Sentirse importante en una conversación es uno de los primeros atractivos que nos hacen mantenernos atentos.

 

Otra manera de atraer la atención del colega o jefe es advirtiéndole de antemano que al final de la conversación le hará preguntas o necesitará de su opinión. Durante la conversación puede reiterar que necesita respuestas, de manera que el interlocutor se interese por estar lo suficientemente atento para poder respondernos luego. Esto genera responsabilidad en el otro mientras escucha.

 

Antes de abordar a alguien, preguntemos si puede atendernos, si no está muy ocupado o si podemos ayudarle en algo. Evitar interrumpir el trabajo de los otros es una muestra de respeto, al mismo tiempo que le hacemos saber que la conversación será relevante, por lo cual necesitaremos de toda su atención. Así mismo, debemos evitar los rodeos. Seamos objetivos, claros y concisos al momento de exponer nuestras dudas, preguntas o inquietudes. De esta manera, será más probable recibir respuestas coherentes y concisas.

 

En una reunión de trabajo, suele ser útil que alguien coordine las intervenciones. Tal como sucede en los foros, ponencias, seminarios o charlas. El moderador hace las veces de mediador entre los ponentes y los asistentes. De modo que alguien capacitado para coordinar la conversación puede ser una manera efectiva de asegurar que todos nos escuchemos y al mismo tiempo garantizamos el derecho de todos de intervenir.

 

Finalmente, recordemos que el tiempo de todos es sumamente importante. Así que si alguien nos aborda y no podemos atenderlo de inmediato, hagámoslo saber, pero no dejemos esperando en vano. Preguntemos antes de interrumpir y hablamos de manera clara y concisa, esto sumado con una buena dosis de empatía por el otro es la manera más eficaz de generar una conversación sana y óptima.