En el emprendimiento de un proyecto la edad no es ni será una limitante. La experiencia de empresarios con métodos antiguos sólo requiere de una “actualización de software”, que le permita entrar al ruedo. Sin embargo, para ello se debe estar dispuesto a aprender. La experiencia de empresarios de hace 20 ó 30 años ha de socializar con los nuevos usos, programas y lenguajes tecnológicos que le permitan involucrarse con las nuevas generaciones de empresarios. Así mismo, ambas generaciones necesitarán abrir sus mentes y sus oídos.

Sin duda alguna la inteligencia digital es una de las características fundamentales de los empresarios e ingenieros de esta era, pero pareciera que a cambio de ello hubiesen olvidado un poco su condición de ser humanos. Justamente ésa es su debilidad, por lo cual valdría la pena preguntarse, ¿alguien que haya aprendido a utilizar sus emociones tan bien como las herramientas tecnológicas podría dirigir mejor una empresa o una negociación? Los empresarios de vieja data son capaces de intercambiar inteligencia emocional por inteligencia digital. ¿Serán capaces de hacer lo mismo los millenials?

Enseñar a “leer” y comprender a los otros desde las emociones es el reto de los líderes empresariales de vieja data, pues por más que nuestra era esté llena de emociones digitales, las relaciones interpersonales siguen siendo vitales al momento de liderar una empresa. En este mismo sentido, los empresarios de la generación que transcurre tienen el reto de aprender a conocer las emociones de los otros, pero también de preguntarse como niños sobre los problemas de su empresa. Sustituir el “¿qué? y ¿cómo?”, por “¿por qué’” “¿para qué?” “¿y si…?” son maneras de repensar los aciertos para descubrir los errores.

En estar dispuestos a aprender de otras generaciones radica la clave del éxito. Las dos caras de este milenio son: inteligencia digital vs inteligencia emocional.