En algún momento, todos nos planteamos el impulso de querer iniciar algún proyecto. Llega la idea y nos apresuramos por imaginarla cada vez más grande, le ponemos colores y la alimentamos desde la ilusión de poder llevarla a cabo, pero a la par del proyecto está el tipo de esfuerzo que emplearemos para realizarla. Es necesario tener claro en principio las exigencias de nuestra idea para luego definir cómo emprenderla.

En ese sentido está claro que el rendimiento de cada inversión es relativo al enfoque del proyecto que se tenga en mano. Si el énfasis del proyecto está en las capacidades personales del emprendedor, el fruto dependerá de la calidad y cantidad de horas hombres dedicadas, pero si el énfasis está en la cantidad de activos fijos o tecnología, pues el fruto dependerá de la productividad de dichos activos. No existe un solo tipo de proyecto ni una sola manera de emprenderlo, por eso te invitamos a identificar entre los siguientes cuatro tipos de esfuerzos, según las necesidades y objetivos de tu emprendimiento, cuál es el más adecuado para ti.

Cuando hablamos de un emprendedor individual, nos referimos a un tipo de esfuerzo basado en conocimientos específicos con baja inversión en activos fijos, infraestructura o tecnología. Por eso este tipo de emprendimientos principalmente requiere de la experiencia de su fundador y de su astucia en relación a posibles competidores, por su bajo nivel de facturación. En estos casos el proyecto depende de las competencias de su emprendedor, más que de su inversión activa.

A diferencia del emprendedor individual, el emprendedor de empuje requiere de características particulares relacionadas con conocimiento experto y escaso. Además de contar con excelentes redes de contacto, gran capacidad de comunicación y negociación. El emprendedor de empuje se debe a su destreza  para atraer profesionales de primer nivel y notables habilidades de venta. Se le llama “de empuje” porque requiere buscar el sustento para su estructura de costos fijos, que normalmente suele ser cara por contar con buenos y numerosos profesionales. Las ventajas de este tipo de esfuerzo es que apunta a grandes negocios e incluso a expansión internacional. En este tipo de negocios se debe estar dispuesto a ejecutar en cortos períodos, a viajar intensamente y a dedicar aceleradas jornadas de trabajo, incluso fines de semana. Sus  recompensas económicas son mayores, pero su inversión también es elevada.

Por otro lado encontramos el emprendedor de nicho. En estos casos las empresas cuentan con buenos y variados activos fijos y tecnología. Por esas razones puede permitirse atender un segmento pequeño de clientes utilizando inversión sin infraestructura o sistema de información. El emprendedor de nicho no requiere de habilidades demasiado excepcionales, ya que su fuerte son los activos fijos. Sin embargo, como todos los emprendedores, tiene que entregar un producto serio y de buena calidad que cumpla las expectativas de su mercado. Este tipo de emprendedores puede que se planteen la inversión a menor escala, pues eso permitirá mejores promesas de rentabilidad sobre el patrimonio invertido.

Y finalmente encontramos el emprendedor de escala. Éste se inicia con una gran inversión, y precisamente por eso el fundador de este tipo de negocios debe tener una notable capacidad estratégica, ya que el consumo de recursos es tan alto como su productividad. Este tipo de proyectos depende de la capacidad financiera de sus dueños, pues deben estar alertas a pérdidas a largo tiempo. Por ser un emprendedor de escala, su mirada está en ascenso y siempre tiene grandes competidores. En este sentido sus esfuerzos han de apostar por proyectos más ambiciosos, ya que  siempre busca conquistar cimas más altas.

Siempre será necesario definir primero las metas de cada proyecto a emprender para luego tomar el rol que corresponde como fundador del mismo o buscar el emprendedor ideal para el proyecto que quieres ejecutar. Si está basado en el conocimiento específico de un área y cuenta con poca inversión, se trata de un emprendedor individual, si el conocimiento es más riguroso y la inversión depende de las relaciones comerciales a establecer, se trata de un emprendedor de empuje. Por otro lado, si el fuerte está en los activos fijos y tecnológicos estaríamos ante un emprendedor de nicho, pero si el proyecto está sustentado por el volumen de la inversión económica entonces debes recordar que se trata de un emprendedor de escala y por ello tienes que contar con buenas estrategias.

Si ya tienes una idea y estás decidido a desarrollarla, ahora pregúntate cuál ruta de emprendimiento se ajusta mejor a tus aspiraciones y necesidades. No tienes que limitarte a una sola vía, quizás tu emprendimiento nace sin ambiciones lucrativas, pero tienes tan buenas estrategias y alcance, que te conduce a convertirte en un emprendedor de escala. A veces los proyectos conducen a sus fundadores, pero en principio procura que éste no se te vaya de las manos. Por ahora, te sugerimos asumir el rol que te permita dar el primer paso de la manera más efectiva y exitosa.