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A partir de ahora, esta pregunta debes responderla tú. El sentido del trabajo y el éxito que los otros tengan no siempre funciona para ti ni tus intereses. Estar en la cima no significa haber triunfado. Creer esto sólo te generará ansiedad y frustración. Cada trabajador y cada emprendedor deben construirse su propia cima.

Casi siempre asumimos que nuestra vida profesional es una carrera. Esto sólo nos pone en una continua competencia con los otros, olvidando que el incentivo no está en ganarles a los demás sino en ser mejores que nosotros mismos. El incentivo para hacer un mejor trabajo e incluso emprender un negocio propio está dentro de nosotros mismos. El oponente lleva tu nombre. ¡Y lo peor! Mientras compites te pierdes la oportunidad de establecer relaciones de cooperación con los otros, limitándote a hacer tu trabajo sin aprender de los demás.

Tener éxito implica tener claro qué quieres, cuál es tu propósito. Por eso, el primero paso para tener claro el sentido de nuestro trabajo es definir cuál es nuestro propósito con lo que somos y estamos haciendo.

El segundo paso para comprender la razón por la cual trabajas en lo que trabajas (más allá de obtener un salario), es reconocer tus talentos y tener muy claro cómo mejorarlos y utilizarlos en cada cosa que hagas. El éxito empieza cuando te exiges tanto a ti como a los otros, pues no hay cabida para la mediocridad, es decir, no hay cabida para hacer las cosas a medias.

El tercer paso consiste en reconocer que no tienes todas las preguntas ni todas las respuestas, pero puedes salir a buscarlas. Tu viaje no es en solitario. Alrededor hay miles de personas que pueden ayudarte a mejorar e incluso a aprovechar de una mejor manera lo que eres y haces. Tal como lo ha escrito Paollo Gallo: tiende puentes en vez de construir muros

Así pasamos al cuarto paso, necesitas entender que lo contrario del éxito no es el fracaso, sino desistir. Fracasar ha de convertirse en un impulso para levantarse y continuar. Tras cada caída existe un motivo más para levantarse.

El quinto paso es observar a los otros, estudiarlos y aprender a comprender por qué y cómo llegaron donde están. Conocer el espacio que te rodea y las reglas implícitas del juego, te permitirán llegar con mayor eficacia hacia los otros y hacia tus objetivos. La naturaleza de las empresas, organizaciones y comunidades nunca es in-decodificable.

El sexto paso es tener confianza y transmitirla a los otros. La credibilidad que puedas construir sobre ti y tu trabajo es indispensable para ascender y mantenerte en buen pie. El séptimo paso es aprender a tomar decisiones, que no vayan en contra de tus convicciones. El mejor empleado no siempre es el más obediente ni el más humano. Sin la arrogancia de los egocéntricos, nunca debes tomar decisiones por obediencia a los otros, sino a tus propias convicciones.

El octavo paso consiste en comprender y no olvidar que la diversidad es un bien invaluable. Aunque para tomar decisiones hay que tener convicciones, no podemos olvidar que somos distintos y la realidad puede verse de diferentes perpectivas. Esfuérzate por aprender a mirar desde la mayor cantidad de puntos de vista posibles, así serás menos ciego y menos injusto.

El noveno paso: ¡No dejes de aprender! Puedes fracasar, ser despedido, vivir experiencias desagradables, sentirte mediocre e incluso tener periodos económicos difíciles, pero nunca dejes de aprender. Nadie podrá quitarte nunca tus conocimientos ni tu capacidad de aprender, el futuro sólo se construye y mantiene invirtiendo en educación.

El décimo y último paso es pregúntate si amas lo que haces. Si la respuesta es sí, entonces estás en el lugar correcto. Sólo tienes que subir esta escalera de nueve pasos que te restan y responder ¿para qué trabajo?

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